La atracción de lo imperfecto
Manel Segarra

Manel Segarra
Sergio Roberto

A medio camino entre la melomanía compulsiva y el síndrome de Diógenes, el brasileño Zero Freitas acumula la mayor colección privada de discos de vinilo del mundo. Estamos hablando de más de seis millones de unidades y en constante crecimiento. Una cantidad que más bien parece el catálogo completo de Amazon. Freitas, cuyo nombre real es José Roberto, nació en 1955 y le pusieron el mote “Zero” en la escuela. Más tarde, visto lo visto, parece que la cifra del sobrenombre se quedó pequeña y más bien debería ser otra, pero desde entonces todo el mundo lo conoce como “Zero”.



Su colección ocupa más de 20.000 metros cuadrados

Hasta hace relativamente poco, este brasileño emprendedor compraba de forma anónima incluyendo, a veces, colecciones completas de otros melómanos. No fue hasta el 2014 que el The New York Times reveló la existencia de su monumental colección privada y empezó a conceder alguna entrevista. Ahora, Zero Freitas es ya relativamente conocido en el sector y no necesita moverse de casa para adquirir más discos. Los mismos propietarios de rarezas se encargan de ofrecerle sus álbumes sabiendo que, si valen la pena, los comprará a un precio razonable. La biblioteca de París, por ejemplo, se puso en contacto con él para donarle 5.000 discos repetidos de música clásica. Pero el actual problema de Freitas es el logístico. Su colección ocupa más de 20.000 metros cuadrados. Se comenta que compra centenares de discos cada día y sus colaboradores no dan abasto para limpiar, ordenar y almacenar cada uno de esos vinilos que van entrando. Su objetivo final, es poner a disposición del público y de forma gratuita su inmenso catálogo a través de internet, cosa que no le hará mucha gracia a Spotify.


Zero. Detalle del almacén


Curiosamente, Freitas jamás ha vendido un solo vinilo. Los duplicados los regala. Parece ser que el dinero lo obtiene de sus negocios inmobiliarios y de los beneficios obtenidos con una compañía de autobuses en Sao Paulo. Más curioso aún es el hecho de que “Zero” no puede evitar seguir comprando y que acude a terapia desde hace décadas para intentar solucionarlo. No parece que su psicoanalista haya sido muy efectivo hasta ahora. Desde que compró su primer disco “Roberto Carlos Canta para a Juventude” no ha podido parar. Hay quien dice que no le acabó de gustar ese vinilo de Roberto Carlos y buscó otros. Pero más interesante es la respuesta que el propio “Zero” Freitas da cuando se le pregunta que cuánto tiempo al día dedica a escuchar sus vinilos: “No lo sé, básicamente yo escucho la radio”

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