La atracción de lo imperfecto

Manel Segarra
Manel Segarra

Holbo, los fundamentos y el azufre (1)


Análisis de producto del giradiscos tangencial HOLBO con bomba de aire

Félix Grande (1937-2014), en la contraportada del LP “Almoraima” (1976) de Paco de Lucía, nos habla de nuestra madrugada personal, de esa hora en que somos más limpios, más ancianos y repentinamente vivos. Nos dice que, en esos instantes, escucharemos ese vaho de la vida que sube desde seis tensiones andaluzas y nos permitirá redescubrir un alimento casi religioso: la visita del ritmo. Félix Grande no había podido escuchar el vinilo “Almoraima” en un HOLBO tangencial y no puedo dejar de preguntarme cuáles habrían sido sus palabras de haber tenido el privilegio de disfrutar de un giradiscos de esta marca eslovena. Quizá nos hablaría igualmente de horas lentas, de fogonazos de luz, de espesas sombras, de remotas heridas, de vieja agua que fluye… Nos quedaremos con la duda, pero en esta revisión a fondo del giradiscos HOLBO intentaremos acercarnos a éste y otros misterios.



Holbo giradiscos

Vista zenital del sistema tangencial


En primer lugar, y para los que no estén familiarizados con los brazos tangenciales, este sistema viene a corregir, o mejor dicho, suprimir, la desviación de ángulo de la aguja cuando lee el surco. De hecho, al fabricar un vinilo, el cabezal que corta el surco, lo hace en un ángulo constante. Un brazo normal, que rota sobre un eje, tiene una pequeña variación según esté leyendo los surcos exteriores o interiores del disco porque ese ángulo va variando. Un giradiscos equipado con brazo tangencial, en cambio, lee el surco tal como fue creado sin distorsión alguna. El sistema, por tanto, viene a solucionar una de las imprecisiones de los giradiscos convencionales acercándose con mayor fidelidad a la grabación original. Pero, para que el invento funcione, es necesario que no exista prácticamente ningún rozamiento y que el brazo sea conducido por el propio surco hasta el final del disco. HOLBO, como otros fabricantes de alta gama, lo resuelve creando un cojín de aire entre el brazo lector y el brazo guía sobre el que se desliza.



Holbo tornamesa

Vista frontal


Para instalar y configurar adecuadamente la unidad de evaluación que he tenido en mi casa durante algunas semanas, he necesitado dos arduas sesiones. En la primera, con ayuda de un nivel, una báscula de precisión, un disco estroboscópico y algunas pequeñas herramientas, dejamos la cápsula montada, el azimut perfectamente vertical, la presión de lectura correcta (2 gr.) y la velocidad del giradiscos a 33,33 revoluciones exactas. También se tiene que ajustar la altura del brazo para que esté perfectamente horizontal cuando la aguja toca el vinilo. Todo ello, es un proceso algo artesanal porque los brazos carecen de micromarcas que nos puedan ayudar. La velocidad, por ejemplo, se corrige girando un destornillador de reparar gafas que se introduce por la parte trasera del aparato. Las instrucciones que vienen con el HOLBO son correctas pero parcas en detalles. El HOLBO viene acompañado de una bomba de aire separada que tiene dos funciones: crear el cojín de aire sobre el que se desplaza el brazo y elevar el plato para suprimir también el rozamiento al girar. La bomba de aire es razonablemente silenciosa y está bien amortiguada, pero debe alejarse al menos 4 metros del punto de escucha para evitar notar su presencia, por ejemplo, escuchando música por la noche a muy bajo volumen. Aunque eso no será un problema, ya que dispone de un tubo larguísimo que nos permitirá alejarla tanto como queramos. He comprobado que prácticamente no se calienta, por lo que, con las debidas precauciones, incluso se podría alojar en el interior de algún mueble.



Holbo plato

Cuando tengamos la cápsula montada y el HOLBO situado en su posición definitiva y bien equilibrado, deberemos escuchar algunos de nuestros discos más conocidos y proceder con la segunda sesión de ajustes. En esta ocasión se trata de un ajuste fino en el que el oído y el propio comportamiento del giradiscos mientras funciona serán críticos. Mi experiencia es que conviene que el tubo que insufla aire al sistema esté lo más desenredado posible. Mi consejo sería que, una vez ubicado el giradiscos de forma definitiva, se corte la parte que no se necesita y así el aire pueda fluir por el camino más corto a la mayor presión posible. El brazo-guía, a su vez, debe estar meticulosamente limpio, incluso de polvo. De otro modo, la aguja podría tener dificultades para seguir correctamente el surco. Para hacer esta review, he empleado dos cápsulas: una MM Ortofon Bronze y una MC Koetsu Black, ambas cedidas por WERNER-MUSICA de Barcelona. Obvia decir que la segunda es la que le corresponde al HOLBO por categoría y con la que mayoritariamente he evaluado el conjunto. Pero quería comprobar la diferencia de comportamiento en ambos casos y verificar, como así ha sido, como el HOLBO era capaz de aprovechar sin limitaciones la mayor calidad de la prestigiosa cápsula japonesa. Por otro lado, como previo de phono he empleado el flamante y también japonés Accuphase C-47.



Holbo giradiscos

Por lo demás, y antes de entrar en las percepciones de escucha, cabe comentar que el HOLBO es un aparato sólido, medianamente pesado pero manejable y con una buena sensación de calidad constructiva. Es algo más grande que, por ejemplo, mi Rega Planar 3, pero se ve bien proporcionado e, incluso, con una elegante armonía de diseño. Tiene tres pies acabados en una afilada punta, por lo que hay que extremar las precauciones en no rallar el mueble, empleando unas bases adecuadas. Mi unidad, al menos, las incorporaba, pero, en cualquier caso, son fáciles de encontrar si preferimos otras. En general, podemos decir que, si bien se trata de un aparato exclusivo que denota su categoría, gracias a la ausencia de exagerados cromados o de extravagantes formas geométricas, tiene una presencia que encaja con elegancia y comedida sobriedad en cualquier ambiente. A priori, pues, parece una excelente puerta de entrada al mundo de los brazos tangenciales. Y, a partir de aquí, solo nos quedará poner en marcha la bomba de aire, depositar un disco en el plato, encender el absolutamente estable y silencioso motor de correa del HOLBO y sumergirnos en el universo que este producto esloveno tan especial es capaz de crear.




Las Grabaciones





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