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Canto de sirenas
Jesús Encinar

Jesús Encinar


Gidon Kremer / Piazzolla



Son esos discos que sabes perfectamente porqué los compraste, los auténticos deseados, los que llevan una carga emocional adicional.



A estas alturas cualquiera que haya leído alguna de mis reseñas en la sección de música de Amigos HiFi, habrá podido comprobar que todas las músicas y todos los discos comentados están ahí expuestos porque han llegado a mi vida de una manera determinada, de tal forma que uno podría hacerse un mapa de mi vida, como si de una pequeña biografía se tratara, tan solo ordenándolos cronológicamente.


En la reseña de "La Colección", hablo de la película Alta Fidelidad en el instante que el protagonista decide ordenar su colección de discos por etapas de su vida. Y es que la mayoría de las colecciones de música bien podrían ser ordenadas así. En mi caso tengo la costumbre de anotar la fecha y precio de compra de cada disco adquirido.


Es cierto que muchos discos han sido compras compulsivas, me atrevería a decir que casi a granel. Otros han sido adquiridos por poseer repertorio musical y poder tener visión y conocimientos más amplios. Pero el núcleo duro de toda colección, los auténticos pata negra, esos han sido adquiridos en el momento preciso por una necesidad atávica vital que no tiene explicación alguna, como una decisión más de vida. Son esos discos que sabes perfectamente porqué los compraste, los auténticos deseados, los que llevan una carga emocional adicional.


En octubre de 1997 abrió de nuevo sus puertas el Teatro Real de Madrid, convertido en Teatro de Ópera, después de estar cerrado desde 1988 y en obras de remodelación y acondicionamiento durante casi siete años.
A principios de 1999 Sarte Audio organizó unas jornadas de Hifi en sus instalaciones, más concretamente en sus lujosos y alfombrados pasillos y allí estaba yo, entrando por primera vez en el Teatro, viendo sus paredes de maderas nobles y su enorme lámpara de cristal y asistiendo a mis primeras jornadas Hifi. Llegué pronto, pues no sabía cómo funcionaban estos eventos y estaba muy nervioso ya que apenas había público. Caminaba viendo los equipos expuestos, veía las sillas para sentarse y escucharlos y no sabía qué hacer. Alrededor de las 12:30 horas se empezó a animar el asunto y el jefazo de Sarte Audio, Juan Rubio, iba explicando los equipos y poniendo música. Cuando llegó a un equipo pequeñito de la firma Sonus Faber en la que presentaban el primer y único amplificador integrado fabricado por la marca, "Musica", con el frontal de madera precioso y con unos monitores de la misma marca también de madera preciosos, Juan Rubio se acercó a uno de sus colaboradores y le pidió un CD que introdujo en el Copland y seleccionó el tema número 3. Esa música era bellísima y llenó todo mi ser y además sonaba de maravilla. Me fijé en la portada del disco, una foto en blanco y negro de una mano en la espalda de una mujer en actitud de baile muy sugerente. A los pocos días ese disco formó parte de mi colección como no podía ser de otra manera.


Franco Serblin fundó Sonus Faber en 1983 y de ahí han salido posiblemente los altavoces más bellos del Hifi mundial, con esas formas y maderas que recuerdan a instrumentos antiguos y además suenan de fábula. De sus manos salieron los fabulosos, clásicos y míticos Amati, Stradivari y Guarneri, en honor y homenaje a los más famosos luthiers de todos los tiempos, (Nicolò Amati, Antonio Stradivari y Bartolomeo Giuseppe Antonio Guarneri, conocido como Guarneri del Gesù).



GIDON KREMER



Es un violinista letón nacido 1947 que a los dieciocho años fue alumno del gran David Oistrakh en el Conservatorio de Moscú. Posee un amplísimo repertorio y tiene más de ciento veinte álbumes a sus espaldas para sellos discográficos como Deutsche Grammophon, ECM Récords, Philips, Decca y Nonesuch y también numerosos premios, a destacar el Premio de Música Ernst von Siemens en 1982 y el Praemium Imperiale en 2016, ambos considerados como los Premios Nobel de la música.


A lo largo de su carrera, Gidon Kremer ha poseído algunos de los violines más extraordinarios jamás construidos. Cada instrumento dejó una huella en su búsqueda artística, pero también reveló ese camino íntimo en el que un músico se reconoce en la voz de un violín.



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Kremer ha tenido en sus manos grandes joyas de la luthería, a saber:

1-Stradivarius "Baron Feilitzsch-Heermann" (1734)

• Periodo de uso: Desde 1979 hasta finales de la década de 1980. Desde 2010 Kremer lo tiene cedido a la violinista también letona Baiba Skride.

Detalles: Fue adquirido por el propio Kremer en 1979. Con este violín consolidó su salto definitivo a la fama internacional en Occidente tras emigrar de la Unión Soviética, utilizándolo en gran parte de sus icónicas grabaciones de los años 80.

2. Guarneri del Gesù "David / Payne" (1730)

• Periodo de uso: Desde finales de los años 80 / principios de los 90 hasta el año 2007.

Detalles: Célebre por su sonido profundo y oscuro se convirtió en su voz principal durante casi dos décadas, este instrumento le otorgó un timbre más oscuro, denso y "salvaje", perfecto para las exigencias físicas de la música contemporánea. Con él interpretó la mayor parte de su exigente repertorio contemporáneo de finales del siglo XX. Este violín protagonizó una famosa anécdota cuando Kremer accidentalmente lo olvidó a bordo de un tren de Amtrak en EE. UU., aunque afortunadamente fue recuperado intacto.

3. Nicolò Amati "Hambourg" (1641) Con el tiempo —y después de buscar durante años ese timbre que sintiera realmente propio— Kremer encontró lo que él mismo describió como “un vínculo inmediato”, el violín más antiguo que había tocado hasta entonces y que lo conquistó definitivamente.

• Periodo de uso: Desde 2006 hasta la actualidad.

Detalles: Kremer ha declarado que en mayo de 2006 probó este instrumento durante un par de horas y le resultó imposible separarse de él. Desde ese momento lo adoptó como su instrumento principal, como si hubiese encontrado una voz gemela, una extensión de sí mismo. Aunque los Amati suelen ser conocidos por su dulzura y menor volumen, Kremer se sorprendió por la enorme potencia y profundidad de este ejemplar en específico, convirtiéndolo en su compañero definitivo de madurez. Hoy, ese Amati de 1641 es el violín que lo acompaña en sus conciertos, grabaciones y giras. Un instrumento que no solo suena, sino que respira con él: cálido, noble, antiguo, y al mismo tiempo sorprendentemente vivo. Un violín que, como Kremer, mantiene intacta la capacidad de conmover.




Gidon Kremer / Piazzolla

Astor Piazzolla



Hablar de su biografía nos ocuparía muchas páginas, pues aunque su vida no fue muy larga sí que la vivió intensamente. Remarcaremos aquí las tres circunstancias en su vida que hicieron posible el milagro y disfrute de su música.


Nació el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata (Argentina) con una malformación congénita conocida como pie bot o pie equinovaro en su pierna derecha. Tras muchas operaciones le quedó la pierna derecha más corta y una cojera visible, que le impidió practicar deportes, correr, saltar y moverse como los demás chiquillos de su edad, con lo que pasaba más tiempo en casa. (Primera circunstancia)


Una vez más comprobaremos como de una dificultad las personas se crecen y son espoleados para llegar lo más lejos posible, haciendo de la adversidad virtud.


De abuelos italianos con tres años su familia se traslada a New York, donde transcurre gran parte de su niñez, con lo que el inglés sería, junto con el español y el italiano, su tercera lengua. A los seis años su padre le compra un bandoneón de segunda mano que enseguida aprendió a tocar. Vuelven a Mar del Plata y allí aprende música de los inmigrantes italianos. A los once años la familia vuelve a New York. A los doce años conoce a Béla Wilda, alumno de Rachmaninov, que le transmite el amor por la música, le da las primeras clases y le introduce en la música clásica. A los 14 años conoce a Carlos Gardel con el que entabla amistad y le hace de intérprete en New York, ya que Gardel no sabía inglés. Este le invita a acompañarle en su gira americana y su padre se niega porque Astor era muy joven (Segunda circunstancia). En esa gira Gardel y su banda perderían la vida en accidente aéreo.


A los dieciséis años Piazzolla regresa a Buenos Aires y a los veintiuno recomendado por el pianista Arthur Rubinstein y el compositor Juan José Castro comienza a estudiar composición con Alberto Ginastera. Ese mismo año se casa con Odette Maria Wolf y también entra a formar parte de la orquesta de Aníbal Troilo, una de las grandes del tango, hasta 1944 que deja la orquesta y forma la suya propia con veintitrés años.


En 1953 gana el premio Fabien Sevitzky con la obra "Sinfonía Buenos Aires" Op 15. Con el dinero del premio y una beca viaja a Europa en 1954 y se traslada, como no podía ser de otra manera, a París, donde inicia estudios con la compositora y pianista Nadia Boulanger. Cuando mostró a Boulanger una de sus piezas clásicas, la compositora opinó que a su música le faltaba sentimiento. Días más tarde Boulanger le pregunta que cómo se ganaba la vida y Piazzolla le contesta que escribiendo tangos. Se sentó al piano y tocó uno de ellos, "la Boulanger" le dijo que nunca dejara de componer tangos que esa era su música ( Tercera circunstancia). El resto es historia, disfrute y deleite para nosotros los oyentes. Desde de 1955 hasta su muerte compondrá todas sus obras con un estilo mezcla de tango, clásica y jazz muy original, que a los puristas del tango en un principio no llegaba a satisfacer. Hoy día su música es interpretada por orquestas sinfónicas y pianistas en los auditorios de todo el mundo, grupos de jazz tocan sus composiciones y músicos y bailarines de tango tocan y bailan sus obras defendiéndolas como tangos. Hasta su muerte siguió viajando y viviendo entre Argentina, EEUU e Italia por temporadas más o menos largas.


A lo largo de sus vida fundaría e integraría varias formaciones musicales, siendo las principales:

1955 "Octeto de Buenos Aires", dos bandoneones, dos violines, piano, guitarra eléctrica, violonchelo y contrabajo.

1960 "Quinteto Nuevo Tango", bandoneón, piano, violín, guitarra eléctrica y contrabajo.

1973 "Conjunto electrónico", incorporando al Quinteto órgano, bajo eléctrico, sintetizador y batería.

Debido a su pie equinovaro y cojera, Piazzolla tocaría de pie, con su pierna derecha apoyada en una silla o en un cajón y sobre esta su bandoneón, siendo su presencia en el escenario más llamativa y dinámica que si estuviera sentado.



Astor Piazzolla fallecería el 4 de julio de 1992 en Buenos Aires con 71 años.



Gidon Kremer / Piazzolla

Astor Piazzolla: Hommage à Piazzolla (1996, Nonesuch)



Contiene once temas y dura 71 minutos. Diez temas de Piazzolla y uno homenaje a Piazzolla de Jerzy Peterburshsky.
Entre ellos están algunas de las composiciones más hermosas de Piazzolla y aunque faltan algunas de las importantes como "Invierno porteño" y "Adiós Nonino", que Piazzolla compondría a la muerte de su padre y de la que siempre dijo que era la melodía más bonita que había creado y que jamás la superaría, hay otras igual de bellas como "Oblivion" que es el tema que sonó en aquella lejana audición de Sarte Audio y que da pie a esta reseña musical, "Soledad", "Escualo", "Café 1930", "Celos", por elegir algunas presentes en el disco.


Es un disco lento, tremendamente intimista, para escuchar tranquilo, sin prisa, relajado, con la luz tenue y dejar la mente en blanco. Yo diría que es un disco sanador que puede llegar a tocar lugares profundos de nuestra alma.


Es el disco definitivo que desató la fiebre mundial por Piazzolla. El Guarneri "David/Payne" de 1730 de Kremer se adapta de forma impecable a la agresividad, los acentos rítmicos y la melancolía del tango del compositor argentino.


Este disco marcó un punto de inflexión en la carrera ya consagrada del violinista, rompiendo las barreras entre la música clásica y géneros populares. El disco alcanzó niveles de venta equiparables a los de la música pop en varios países como Alemania, Austria y Japón. En Estados Unidos logró su objetivo de ventas anuales en tan sólo seis semanas.


El enorme impacto de este álbum dio pie a que Kremer fundara su Astor Quartet y grabara una serie de discos con la música de Piazzolla recogidos en una caja recopilatoria de ocho CD.


El disco fue nominado a los premio Grammy en 1997 en la categoría "Mejor interpretación de música de cámara/pequeña agrupación".









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